ARTICULO DE LA SEMANA
COMPARTE LAS BUENAS NUEVAS
Cuando usted recibe una noticia magnífica, ¿qué es lo primero que hace? Si es como la mayoría de las personas, probablemente llamará a alguien para compartirle su alegría. El apóstol Pablo les hablaba a los demás sobre la salvación por una razón similar.
Dios salvó a Pablo en el camino a Damasco, y el apóstol dedicó el resto de su vida a comunicar las buenas nuevas del evangelio. Dio su tiempo, sus energías y, finalmente, su vida porque estaba consagrado a hablarle a la gente de Jesús.
¿Por qué lo hacía? Pablo sentía una profunda obligación de hacerlo. Primero, estaba en deuda con Jesús por su salvación. Pero su motivación no era simplemente por su amor y devoción a Dios. También se sentía constreñido a ofrecer esperanza a un mundo que necesitaba desesperadamente el perdón (Ro. 1:14).
El mensaje que les daba era éste: Dios envió a su Hijo unigénito, Jesucristo, al mundo, en forma humana. Por su muerte en la cruz, Jesús pagó en su totalidad la deuda de pecado de la humanidad. Todos quienes le reciben como su Salvador personal serán perdonados.
Pablo comprendió que necesitaba dar la buena nueva a los griegos (que eran cultos), y también a los bárbaros (que eran incultos). Es decir, tenía que darla a todos. Algunos aceptarían la verdad, y otros la rechazarían. El apóstol no podía salvar a ninguna persona –no era responsable de su reacción. Su tarea era, simplemente, hablarles de Jesús.
¿Siente usted la misma deuda que sentía Pablo? Pídale a Dios que le dé el valor y la sabiduría para compartir el evangelio con los demás.
Romanos 1:14-16 14 A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. 15 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.
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